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Las posibilidades de los residuos humanos en la producción textil.

Rachel Douglass

12 de abr de 2022

En su afán por descubrir alternativas más sostenibles para la producción textil, los más innovadores han dado con muchas soluciones creativas, algunas de ellas realmente sorprendentes.

Los desechos humanos fueron un tema común entre los expositores de MaterialDistrict, volvió durante tres días a Utrecht, Países Bajos, tras un paréntesis de dos años debido a la pandemia, del 5 al 7 de abril. Entre los stands de productores y empresas consolidadas, una selección de innovadores presentaron sus conceptos, muchos de ellos aún en fase de desarrollo, pero con especial interés en los residuos producidos por el hombre, ya existentes y que no requieren de nuevos insumos.


A menudo, cuando no se conoce bien el tema, muchos se cierran en banda ante la idea de utilizar residuos humanos en el proceso de producción de un producto, ya que algunos pueden sonar demasiado extraños, antinaturales o simplemente desagradables. Sin embargo, cuando se profundiza, los desechos humanos pueden ser en realidad una alternativa válida a la producción de nuevos textiles, ya que a menudo pueden ser fáciles de obtener y trae consigo una serie de ventajas que no necesitan mucho más para dar resultado.


"La basura es sólo materia prima en el lugar equivocado..."


Una innovación especialmente sorprendente fue el uso de pelo humano en la producción de ropa, un concepto desarrollado por Zsofia Kollar, fundadora de Human Material Loop. Durante su presentación en el evento, Kollar explicó la gran necesidad de utilizar materiales ecológicos y se preguntó por qué el mundo a menudo rechaza las opciones de residuos que ya existen. La solución de Kollar fue el cabello humano. A través del Human Material Loop, Kollar ha integrado el cabello en un sistema de reciclaje de bucle cerrado, que permite convertirlo esencialmente en un hilo que puede utilizarse para fabricar ropa. La idea servirá para aprovechar los 72 millones de kilos de pelo que se desperdician al año sólo en Europa.


"La solución está en la cabeza", dijo Kollar en su presentación. "La basura es sólo materia prima en el lugar equivocado". La innovadora dijo que se había preguntado por qué no se utilizaba un material como el pelo, que ya formaba parte de nuestras vidas y que además contiene la misma fibra de queratina que la lana. Además, señaló que se trata de un producto 100 por cien biodegradable, con una huella de carbono cercana a cero y que no se puede dañar a ningún animal o ser humano en el proceso de obtención.


El moderador del acto, David Heldt, cofundador de Glue Amsterdam, manifestó su preocupación y posibles dudas con la idea, pero Kollar, sin inmutarse, respondió: "desconocemos muchas cosas de los materiales que ya utilizamos hoy en día. Por ejemplo, si miras tu jersey de lana, ¿has pensado en cómo vivía esa oveja, cómo fue torturada, cuánta sangre se derramó para producir ese jersey tan mullido? ¿No es extraño que nos olvidemos de eso?".


Tras la presentación, cuando FashionUnited le preguntó si se cuestiona regularmente la legitimidad del uso del pelo en la producción, Kollar dijo: "Sin duda. Hay una fase durante la que la gente necesita conocer un poco el trasfondo de los problemas de la industria textil. Una vez que conocen estos hechos, están bastante convencidos. Sólo necesitan algo de tiempo para digerirlos. Mi trabajo consiste en cambiar las perspectivas y desafiar las percepciones de las normas".


Aunque el concepto está todavía en su fase inicial, Kollar dijo que actualmente está manteniendo conversaciones con varias marcas de alta gama sobre la posibilidad de llevar el material a un nivel comercial. "Queremos convencer a las marcas de alta gama de que muestren una perspectiva diferente primero, para que luego sea más fácil convencer al consumidor medio", dijo Kollar. "La gente tiene que ver que no estamos por encima, sino a la altura del ecosistema".


Los productos de Human Material Loop se fabrican actualmente en Italia, pero Kollar declaró a FashionUnited que tiene planes para que el proceso esté disponible en todos los países para así ofrecer una producción local. "Sólo queremos ser capaces de llegar a tanta gente como podamos".


Los cuerpos humanos como caldo de cultivo para la naturaleza


La innovadora holandesa Michelle Baggerman, que trabaja en colaboración con la diseñadora de materiales Jessica den Hartog, en el marco del Studio Bureau Baggerman, adoptó un enfoque similar respecto a los residuos humanos. El dúo presentó el Proyecto Chrysalis, la idea del estudio de convertir los residuos de plástico en hilo y, aunque actualmente sólo se considera un producto para rellenos interiores, la idea de Baggerman es convertirlo en un elemento importante para la producción textil.


Mientras que el uso del PET ya es bastante prominente en los procesos de reciclaje, el HDPE es algo que se ve con menos frecuencia, que es lo que impulsó a Baggerman a estudiar su uso. Baggerman, que se encuentra en las primeras fases de desarrollo y busca actualmente socios para llevarlo a cabo, declaró a FashionUnited: "Ahora mismo sólo nos centramos en el material: qué calidad tiene y si podemos fabricarlo a mayor escala".

Baggerman, que lleva cinco años trabajando con el plástico, dijo que era importante hablar del uso de los desechos humanos en la producción textil porque a menudo no pensamos en ellos como material, a pesar de ser algo que usamos a diario. "El futuro es pensar en qué podemos hacer con los materiales que ya están ahí, qué tipo de colores hay y cómo podemos utilizarlos", dijo.


A pesar de que actualmente no hay planes para implantar el material en la industria de la moda, probablemente debido a su consistencia más rígida, el proyecto de Baggerman presenta una interesante visión de la producción textil circular y las posibilidades que presentan nuestros residuos. "Si eres diseñador, tienes que pensar en estas cosas", añadió.


Otra idea peculiar que se presentó fue el concepto de utilizar el cuerpo humano como forma de influir en el medio ambiente. Afterlife, un proyecto en desarrollo de la creadora holandesa Charde Brouwer, abordó esta idea con un concepto que ve nuestros propios cuerpos como un beneficio para la naturaleza. A través de su investigación, Brouwer encontró una forma de contribuir a reparar el mundo que nos rodea, incluso una vez fallecidos, utilizando materiales biodegradables para la ropa que pueden estimular el crecimiento de la naturaleza y ayudarla a reconstruirse.


"¿Qué pasaría si nuestro último aliento pudiera ser uno de devolución?", dijo Brouwer al presentar el proyecto en una presentación. "Al morir, la tierra podría seguir utilizando nuestro cuerpo para alimentarse. Al combinar un material con nuestro cuerpo, podemos transformar un final en un principio".

Brouwer cuestionó el hecho de enterrarnos en poliéster y desenterrar árboles para volver a enterrarlos, un proceso que actualmente no es circular. Los materiales producidos por Brouwer tienen una estructura similar a la del cuero, lo suficientemente flexible como para crear una prenda de vestir, y se colorean con ingredientes naturales procedentes de vegetales y frutas.


La idea de Brouwer, que aún está en fase inicial, consiste en ofrecer una experiencia completamente personalizable, permitiendo al usuario final o a su familia elegir los colores del material, los dibujos y, además, las semillas de las flores que pueden incorporarse a la prenda final y que acabarán creciendo en el lugar donde esté enterrada la persona. Aunque es un tema oscuro, Brouwer cree que este método cambiará el sentido de los cementerios, aportando un nuevo propósito a la vida después de la muerte.


A pesar de que existen muchas ideas en torno al uso de los desechos humanos que sólo están en su fase inicial, cada vez es más evidente el potencial que existe en la reutilización de estos materiales que ya están ahí y que, en la mayoría de los casos, nos rodean a diario. Aunque muchos de estos creadores se han enfrentado no sólo a sus experimentos, sino también a las respuestas de personas ajenas al sector, están decididos a ayudar a cambiar nuestra perspectiva, con la esperanza de que la industria deje de verlos como residuos y los considere un material listo para ser utilizado.



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